TRADICIONALES Y TÍPICOS ENCIERROS
Por Domingo Nieto Sainz
No vamos a insistir en la operación que se realiza con los toros antes de que éstos sean lidiados en las fiestas patronales de las distintas poblaciones en la conducción de los mismos hasta los corrales de la ciudad, o lugares adaptados para tal menester.

Tampoco vamos a entrar en el empeño de averiguar la fecha en la que comienzan las conducciones de ésta manera, ya que el sistema es tan primitivo como el propio toro al formar parte de una tarea a realizar dentro de la propia finca donde pastan las reses y tener que trasladarlas de un lugar a otro. Para este menester de todos es sabido la necesidad de tener vaqueros adestrados y mansos que acompañarán el recorrido a realizar por los toros.
Y mucho menos vamos a documentar en cuanto a la antigüedad tantas veces discutida por distintas poblaciones a la hora de promocionar sus festejos.
Centrándonos única y exclusivamente a los encierros que la localidad de Medina del Campo celebra durante sus fiestas patronales de septiembre, hemos de manifestar en defensa de éste espectáculo como tal el hecho de que toda una población viva pendiente durante todo el año de la celebración de este festejo. Asociaciones, peñas y aficionados trabajan para dar al espectáculo el realce y la categoría que se merece ya que no en vano atrae a Median del Campo durante los días que se celebran estos encierros, a público de toda la comarca y región allá donde ha llegado el conocimiento de la celebración de los mismo.
Si Castilla y León siempre se ha caracterizado por la afición de sus gentes a jugar al toro, en sus distintas modalidades, cabe destacar desde hace varios años la importancia que han tomado los encierros, y un localidad que ha tomado como bandera esta clase de espectáculo es Medina del Campo.
Son famosos ya en toda España sus encierros por el campo, donde un elevado número de jinetes a caballo arropan a los toros desde el campo hasta la entrada en la ciudad que repleta de público espera impaciente la llegada de los astados para que una vez dentro del recinto urbano los mozos puedan demostrar sus habilidades de correr delante de los toros, con el peligro que ello conlleva, con la emoción que uno siente al correr los toros en su pueblo, con ese ¡ay! Que en cualquier momento brota de una garganta impregnada por la emoción, el riesgo y el peligro, pero es algo que los medinenses lleva muy dentro y su valentía les hace superar ese miedo.
'Un día de encierro'
Como vive la ciudad un día en el que dentro de sus fiestas patronales tiene anunciado un encierro. Si de antemano la población se ha multiplicado en cuanto al número de habitantes y visitantes don motivo de sus fiestas patronales, a la hora de presenciar el encierro todo se transforma, la gente o trasnocha o madruga, la algarabía está servida, dentro de un orden claro está vamos a ir al encierro por lo tanto hay que estar completamente serenos y en plenitud de facultades.

Suenan las charangas con sus dianas para despertar al respetable que inmediatamente después del chocolate, churros, aguardiente o sopas de ajo, irá situando a los participantes en el encierro (que son todos), a cada uno en su sitio los que por activa o pasivamente van a participar, las personas mayores y niños buscando el lugar adecuado donde presenciar el encierro de la mejor forma posible, otros en las talanqueras o en el recorrido urbano preparados para la gran carrera, y otros a caballo o andarines por el campo ofreciendo una estampa difícil de explicar, mezclando el colorido de sus atuendos con las garrochas de los jinetes, los terruños de los barbechos o las rastrojeras recientes.
Todo es algarabía y huele a fiesta, entretanto encerrados en unos corrales al efecto, se encuentran seis toros acompañados de otros tantos bueyes que ajenos a la fiesta por el momento, esperan tranquilamente haciendo sonar sus cencerros hasta que el cohete anunciador de su suelta les indica que algo pasa, el murmullo de la gente alrededor de los corrales, el relinchar de los caballos y los motores de los vehículos, empiezan a soliviantar la tranquilidad den la que se encontraban aventurando que allí ocurre algo raro, y efectivamente, a las nueve en punto de la mañana después de los tres cohetes de anuncio las puertas de los corrales se abren de par en par y se suelta el ganado...
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(Informe Historico, año 2000)
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